Massimo Luongo, de estrellado a estrella


El decisivo penal lanzado ante el Stoke City

Massimo, intentando esquivar la mala suerte

Hoy es héroe. Pero para llegar a serlo, primero hay que pasar por el anonimato. Y él estuvo prácticamente ligado a él desde que decidiese probar suerte en este apasionante y cruel deporte.

Hará, aproximadamente cuatro años, ni más ni menos, Luongo decidió partir hacia Londres con una meta entre ceja y ceja. Su finalidad era hacer unas pruebas en la academia del Tottenham Hotspur y demostrar su valía en los filiales. Alcanzó su objetivo, y pasó a jugar ocho partidos en las inferiores del conjunto de Haringey. Un 20 de septiembre de 2011, tras destacar en el sub-18, sería convocado por primera vez y conseguiría lo que llevaba buscando durante tanto tiempo, su debut con el primer equipo de Harry Redknapp. Entró en el minuto 70 por Sandro en una eliminatoria que se acabaría por decidir en los penales. Él fue uno de los elegidos. Llegó su turno, y con él la oportunidad de pasar de mediocre a estrella en el club de White Hart Lane. Luongo probó suerte, pero esta no le respondió y ya nunca más volvería a enfundarse la zamarra de los Spurs.

El 23 de julio de 2012, Massimo ficharía por el Ipswich Town en calidad de cedido. Y el 9 de noviembre tras haber disputado once encuentros sin pena ni gloria, su técnico daba por concluida su etapa en Ipswich.

”Él es un gran jugador, lo que esperas de alguien que procede del Tottenham, pero necesito otro tipo de jugador” Mick McCarthy, entrenador del Town

Un 28 de marzo de 2013, el Swindon Town daría cobijo a un joven desahuciado en préstamo. Mark Cooper le prometería confianza a cambio de notables actuaciones. Este feedback estuvo presente desde su debut ante el Oldham. Debido a sus exquisitas actuaciones, la directiva de Swindon no dudaría en abonar £400.000 al Tottenham cinco meses más tarde de haberlo acogido. Ahora, Luongo pasaría a ser propiedad del conjunto red en concordancia a lo que él sentía conforme a su actual morada: un sentimiento de pertenencia. Echaba a andar una nueva temporada y con ella la ilusión de poder ir convocado con los socceroos en alguna cita. Su primera temporada en propiedad como red iría viento en popa, gracias a sus innumerables asistencias, esfuerzo y liderazgo. Él, acostumbrado a que la primavera le hiciese renacer cada temporada tras un frío invierno, esta vez, le hacía escalar hasta el evento que marcaría su futuro hasta el día de hoy. Este hecho sería su primera convocatoria con Australia, que llegaría un día de primavera, un 5 de marzo de 2014, ante Ecuador. Saldría en la segunda mitad para intentar remontar el encuentro. No lo consiguió, pero aún habiendo perdido, era el hombre más feliz sobre la faz de la Tierra.

Aquella noche, demostró a Ange y al soccer que él había entrado en el hogar aussie con la intención de quedarse y organizar aquella casa con la misma brillantez con la que lo hacía en Inglaterra. Pasaría a tener dos propiedades, ninguna en alquiler. Esta afirmación sería probada un 13 de mayo de 2014, fecha en la que Ange Postecoglou le incluiría en la lista preliminar de su selección, y más tarde, el 3 de junio entraría en la definitiva. En su primera -que no última- cita mundialista no llamaría la atención de los entendidos. Pero sería la piedra definitiva para asentarse en la profunda renovación que sufrirían los socceroos. En este próspero -al menos, para él- año repartiría una decena de goles y asistencias por los terrenos propios y ajenos de la League One. Tras sendas exhibiciones, llegaría su momento. Cambiaría el frío invierno por el caluroso verano y se mudaría de Swindon a Australia para disputar su primera Copa Asia, con una incógnita en su cabeza: ¿Pasaría de ser un estrellado a una estrella?

Hoy, madrugada de un frío domingo, consigo hallar la única respuesta posible para resolver esta ecuación -de primer grado- y es un sí rotundo. El por qué es sencillo, ya que gracias a sus dos tantos -ambos trascendentales- cuatro exquisitos pases de gol y finura a la hora de crear y destruir -por qué no decirlo- ha conseguido ser el genio y figura de un combinado campeón que navega a su compás.

El momento estrella

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